Después de más de dos décadas sobre la lona, el luchador bugueño Carlos Izquierdo cerró su etapa como deportista competitivo. Su última participación se produjo en los Juegos Suramericanos de Santa Fe, Argentina, competencia que disputó por primera vez y que marcó el final de una trayectoria construida alrededor de la lucha, su familia y un sueño olímpico.
Izquierdo no consiguió subir al podio en su último combate, pero el resultado terminó siendo apenas el punto final de una carrera que lo llevó por campeonatos nacionales e internacionales, mundiales, panamericanos, centroamericanos y hasta los Juegos Olímpicos, uno de los grandes objetivos de su vida deportiva.
Una historia con la lucha que comenzó en familia
Para Carlos Izquierdo, la lucha nunca fue un deporte ajeno a su hogar. Su padre la practicó, al igual que su tío Luis y sus hermanos. Creció escuchando historias sobre ellos y viendo competir a integrantes de su familia hasta que finalmente encontró su propio camino sobre la lona.
Uno de los vínculos más profundos de esa historia está relacionado con su padre, a quien no tuvo la oportunidad de conocer. Carlos lleva su mismo nombre y, cuando entendió el significado que tenía esa decisión, encontró una motivación adicional para construir su carrera.
“Quería como hacerlo sentir orgulloso con mi trayectoria deportiva y todos mis esfuerzos”, recordó Izquierdo al hablar de la influencia que tuvo su padre en su vida.
También reconoce como referentes a su tío Luis Izquierdo y a sus hermanos. Fue precisamente uno de ellos quien, cuando comenzaba sus primeros pasos como entrenador, lo invitó a practicar. Carlos aceptó y terminó dedicando más de 20 años de su vida a este deporte.
Los Juegos Olímpicos, un sueño que trascendió lo personal
Entre todos los escenarios que alcanzó durante su trayectoria, llegar a los Juegos Olímpicos tuvo un significado especial.
No se trataba únicamente de una meta deportiva. Según relató Izquierdo, hablar de los Olímpicos era habitual durante las reuniones familiares y conseguir la clasificación significó materializar un sueño que había pasado de una generación a otra.
“Fue un descanso. Fue un sueño cumplido también para mí porque trabajé mucho para ese momento”, expresó.
El luchador recuerda que aquel día habló especialmente con su padre: sentía que finalmente había cumplido con una aspiración que durante años estuvo presente en su familia.
Esa herencia también moldeó su manera de competir. Izquierdo asegura que aprendió a no sentirse inferior ante ningún rival, independientemente del escenario o de quién estuviera al otro lado.
“Me enseñó a soñar, me enseñó la palabra Juegos Olímpicos y que todos somos iguales a la hora de competir”, señaló.
De competir a enseñar: el nuevo camino que contempla Carlos Izquierdo
Con el cierre de su carrera competitiva aparece ahora una posibilidad diferente: convertir más de dos décadas de experiencia en conocimiento para nuevas generaciones de luchadores.
Izquierdo reconoce que enseñar es una de sus pasiones y que los entrenamientos, competencias y viajes realizados durante su trayectoria le dejaron aprendizajes que ahora quisiera transmitir.
“A mí me apasiona mucho enseñar todo lo que yo sé”, afirmó. Para el deportista, acompañar a otros luchadores, orientarlos y posteriormente verlos aplicar lo aprendido resulta especialmente satisfactorio.
Aunque todavía lo plantea como una posibilidad ligada a las condiciones futuras de la disciplina, Izquierdo no descarta incursionar en la docencia y continuar vinculado a la lucha desde la formación.
Así, su último combate en Santa Fe no necesariamente representa una despedida definitiva del deporte. Termina la etapa de Carlos Izquierdo como competidor, pero podría comenzar otra desde la enseñanza, transmitiendo a nuevos atletas la experiencia acumulada durante más de 20 años sobre la lona.





