En los últimos días se conoció uno de los resultados operacionales más contundentes de los últimos años contra la organización criminal Ejército de Liberación Nacional (ELN). En exclusiva, este medio estableció que el éxito de la operación se debió a un trabajo de inteligencia que logró penetrar el interior del grupo armado ilegal.
De acuerdo con información obtenida por este medio, la inteligencia militar logró acceder a chats en los que un integrante activo del ELN coordinaba directamente con personal de inteligencia, suministrando detalles clave sobre la estructura, su armamento, la ubicación del campamento y el cabecilla que lideraba esta área campamentaria.


Aunque históricamente el ELN se ha caracterizado por su hermetismo, clandestinidad y disciplina en el manejo de la información, en esta ocasión la inteligencia militar consiguió infiltrarse en el corazón de la estructura, logrando conocer su rutina diaria, la cual se basaba principalmente en la construcción de trincheras, posiciones defensivas y áreas seguras para repeler ataques del Frente 33. Esta confrontación entre ambas organizaciones ilegales se desarrollaba de manera indiscriminada, como lo manifiesta el propio integrante del ELN, quien expresó su desmotivación ante los constantes ataques del Frente 33, señalando que las granadas empleadas por esta estructura serían más letales y causarían mayores afectaciones.
Asimismo, se logró establecer que el área atacada durante el bombardeo funcionaba como un punto fuerte para la organización, con una presencia aproximada de 50 subversivos. Diariamente, estos se dedicaban a cavar trincheras, llenar costales y ubicar campos minados para impedir el ingreso tanto de unidades de la Fuerza Pública como del Frente 33. Durante la operación se incautaron cerca de 100 kilogramos de ANFO y 202 granadas artesanales adaptadas para drones, elementos que venían generando afectaciones incluso a las comunidades cercanas.
Un ejemplo de ello ocurrió el pasado 31 de enero, cuando dos campesinos de la vereda Orú, en el municipio de El Tarra, tuvieron que ser evacuados tras resultar gravemente heridos en sus extremidades al pisar un campo minado ubicado cerca de sus fincas.
Dentro del material recopilado por inteligencia se evidencian audios en los que el informante del ELN señala que en este campamento permanecía el sujeto conocido como alias Jhon Breiner, encargado de la seguridad, logística y comisiones del lugar. El informante también indicó que en el campamento había alrededor de 40 subversivos armados con pistolas, fusiles y armamento de largo alcance.


Según confirmación de la Fuerza Pública, alias Jhon Breiner resultó herido durante el bombardeo, pero logró sobrevivir y escapar del sitio. Durante la operación se logró la incautación de un importante arsenal, compuesto por: 14 armas largas tipo fusil, un rifle de precisión calibre 7.62, seis armas cortas tipo pistola, 36 proveedores de fusil Galil calibre 5.56, 36 proveedores de fusil AK-47, 11 proveedores de fusil M-16, nueve proveedores calibre 9 mm, 159 cartuchos calibre 9 mm, 92 cartuchos calibre 5.7 x 28, 4.200 cartuchos calibre 5.56 y 5.800 cartuchos calibre 7.62. Adicionalmente, la inteligencia militar indagó a través del informante por el responsable de la muerte del soldado profesional Juan Esteban González Sánchez, ocurrida el pasado 16 de enero en el municipio de Tibú. Frente a este hecho, el subversivo aseguró que la acción fue perpetrada por integrantes al mando del sujeto conocido como alias Chiquitín, quien, según información difundida por medios locales, sería el encargado de controlar retenes ilegales en la vía Tibú–La Gabarra. En diciembre, estos mismos actores habrían amedrentado a comunidades de la vereda Palmeras, en el municipio de Tibú
Ataque a la unidad militar en Ocaña
En un intento por vengar las aproximadamente 16 muertes y más de 30 heridos sufridos durante la operación “Elías”, el ELN habría planeado una acción terrorista desde el municipio de Convención. Esta acción sería liderada por alias Kevin, señalado por inteligencia como el cuarto cabecilla del Frente Carlos Armando Cacua Guerrero, con injerencia en el municipio de San Calixto. El plan consistía en un ataque con rampas contra las instalaciones del Batallón Francisco de Paula Santander, en el municipio de Ocaña.
No obstante, unidades militares ya contaban con la alerta temprana, presuntamente suministrada por otro integrante del grupo armado que, de manera anónima, contactó a personal de inteligencia. Gracias a esta información, la acción no causó afectaciones a la vida de los militares. Por el contrario, la rápida reacción de la unidad permitió la muerte en desarrollo de operaciones militares de un subversivo y la captura de otro presunto integrante del Frente Carlos Armando Cacua Guerrero, responsable de abandonar una volqueta cargada con artefactos explosivos.
Finalmente, y pese a este panorama, el ELN habría emitido un comunicado en el que manifiesta supuestas intenciones de paz y acercamientos a diálogos. Sin embargo, según fuentes consultadas, esta postura respondería a un intento por ocultar su actual estado de debilidad, la creciente desconfianza entre sus cabecillas y el desprestigio ante las comunidades, organismos internacionales, garantes de derechos humanos y la población civil del Catatumbo. Una situación que evidencia el impacto de las confrontaciones con las disidencias de la estructura 33 —conflicto iniciado por el propio ELN— y la contundencia operacional de la Fuerza Pública.
Queda entonces un interrogante abierto sobre lo que ocurrirá al interior de la organización ilegal, cada vez más presionada por las disputas internas y la pérdida sostenida de control territorial. Mientras las disidencias continúan avanzando y consolidando presencia en zonas históricamente dominadas por el ELN, las afectaciones operacionales, humanas y estratégicas se profundizan día tras día. Este escenario no solo evidencia un debilitamiento progresivo de la estructura armada, sino que también deja en entredicho su capacidad real para sostener el mando, cohesionar a sus frentes y mantener influencia frente a un adversario que, al parecer, le está arrebatando terreno y protagonismo en el conflicto.
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